El Observatorio “Ahora Que Sí Nos Ven” presentó su Registro Nacional de Femicidios con datos recopilados entre 2015 y 2026. Desde la perspectiva de la Gerontología Comunitaria, analizamos este informe que advierte sobre el alarmante impacto del maltrato intrafamiliar y las desigualdades estructurales que afectan de manera específica a las mujeres mayores en la Argentina.
Transcurridos once años de aquella histórica movilización masiva del 3 de junio de 2015, el reclamo colectivo por vidas libres de violencias mantiene una vigencia dramática en la Argentina. El nuevo informe emitido por el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora Que Sí Nos Ven”, elaborado en convenio con la Universidad Nacional del Delta, expone un balance de más de una década de monitoreo continuo de medios gráficos y digitales en todo el territorio nacional. Las dimensiones cuantitativas presentadas no solo representan fríos indicadores estadísticos, sino que reflejan de forma descarnada la persistencia de desigualdades culturales profundamente arraigadas en la sociedad.
De acuerdo con el Registro Nacional de Femicidios y Transfemicidios abarcado entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026, se contabilizó un total de 3.205 víctimas letales por motivos de género en el país. Esta preocupante cifra global engloba 3.144 femicidios directos y vinculados, 46 transfemicidios y travesticidios, y 15 casos de instigación al suicidio en contextos de violencia machista. La frecuencia calculada por el equipo técnico del Observatorio arroja que, en promedio, ocurre una muerte evitable cada 30 horas en la Argentina, desmitificando la idea de que se trata de hechos aislados o excepcionales.
Desde la perspectiva de la ALGEC, consideramos fundamental desglosar estos datos con una mirada interseccional y un enfoque basado en los derechos humanos. Habitualmente, las agendas mediáticas y las políticas de prevención centran su atención en las franjas etarias más jóvenes, invisibilizando las particularidades del proceso de envejecimiento de las mujeres y las disidencias sexogenéricas. Por ello, resulta imperativo enfocar el análisis en las dinámicas específicas de vulnerabilidad que atraviesan las mujeres y diversidades de 60 años y más, quienes sufren violaciones sistemáticas a su integridad.
Al focalizar los datos del período comprendido entre enero de 2020 y mayo de 2026, el informe del Observatorio revela un patrón vincular propio en el caso de las personas mayores que difiere sustancialmente de otros grupos etarios. Mientras que en la población general el principal agresor suele ser la pareja o expareja, en las mujeres mayores se registra un elevado e inquietante componente de maltrato intrafamiliar. Los datos demuestran que, si bien la pareja representa el femicida en el 36% de los casos, el 25,4% de los crímenes es perpetrado por familiares directos, tales como hijos, nietos o bisnietos.
Esta realidad evidencia que el ámbito doméstico, lejos de constituir un entorno seguro de cuidado y protección, se transforma en el escenario donde se consolidan el aislamiento y el sometimiento subjetivo. La fragilidad física y el maltrato físico directo en la vejez adquieren ribetes alarmantes en el reporte: el 29,6% de los femicidios contra mujeres mayores de 60 años se ejecuta a golpes, empleando la fuerza física como el instrumento preponderante de agresión. Este índice supera de forma notoria al 10,1% detectado en mujeres de entre 21 y 40 años, lo que expone una asimetría física y una crueldad manifiesta hacia la vejez femenina.
Esta mirada interseccional que propone la Gerontología Comunitaria resulta incompleta si no se incorpora a las disidencias y la diversidad sexual. En un contexto donde el Registro Nacional reporta 46 transfemicidios y travesticidios, el derecho a envejecer resulta sistemáticamente vulnerado, convirtiendo la vejez de estos colectivos en una excepción y un acto de supervivencia. Las trayectorias de las personas mayores LGBTIQ+ están marcadas por violencias estructurales históricas que restringen su expectativa de vida y que, en la vejez, se traducen en una profunda soledad, la falta de redes de cuidado respetuosas de su identidad y una exclusión sistemática de los mecanismos de protección social.
Desde un enfoque gerontológico, entendemos que la violencia de género en la vejez no puede escindirse de los factores socioeconómicos y de la pérdida de apoyos comunitarios. Las trayectorias vitales de las mujeres y personas de la diversidad sexual mayor se ven hoy cruzadas por un incremento de la dependencia económica, el deterioro psicofísico, la falta de redes de contención y las barreras persistentes en el acceso real a los servicios de justicia. Asimismo, la interrupción de políticas de inclusión previsional, tales como las moratorias jubilatorias que reconocían las tareas de cuidado no remuneradas como años de trabajo, impacta directamente limitando la autonomía financiera y profundizando la feminización de la pobreza.
La desregulación económica y el desfinanciamiento institucional en los sistemas de cobertura sociosanitaria que atraviesa el país, erosionan de forma cotidiana el derecho a una salud digna para las personas mayores y las coloca en un escenario de extrema vulnerabilidad. Cuando el tejido social se debilita y el Estado se retira de sus funciones de protección y prevención, las redes afectivas de las personas mayores se diluyen, obstaculizando las posibilidades de detección temprana de situaciones de violencia intrafamiliar y la solicitud efectiva de ayuda externa.
Frente a esta realidad, se vuelve indispensable visibilizar y cuestionar los estereotipos edadistas que normalizan la exclusión y el padecimiento en la última etapa de la vida. Resulta urgente, entonces, la articulación de políticas públicas integrales que asuman las especificidades de la vejez desde una clave de género y derechos humanos. Romper el silencio institucional en torno al maltrato hacia las mujeres mayores, lesbianas, travestis y trans, así como garantizar entornos protectores accesibles, es una deuda social inaplazable para asegurar que envejecer en Argentina sea sinónimo de dignidad, autonomía y una vida soberana libre de violencias.
Documento de consulta: Para conocer en detalle las estadísticas y el análisis del Observatorio, ingresá al informe completo [aquí].





